El Diario de un gato nocturno (2009) de Javier Gato se presenta como un ejercicio poético que entrelaza múltiples referencias culturales, literarias y estilísticas, configurando una rica intertextualidad que dialoga con diversas tradiciones.
La presencia explícita de Leopoldo María Panero en varios pasajes establece un vínculo con su exploración de la locura, el abandono y la marginalidad. Panero es también un símbolo del poeta maldito, cuya obra Javier Gato parece emular en tono y espíritu. Las semejanzas con Genet, tanto temáticas como estilísticas, remiten a su fascinación por lo marginal y lo erótico, explorando personajes que encarnan el rechazo social y la transgresión. La herencia de poetas como Pablo García Baena o Julio Aumente se vislumbra en las descripciones voluptuosas y sensuales de la nocturnidad, con un lenguaje que combina la crudeza con la sofisticación.
El texto conjuga elementos de la picaresca española con el simbolismo decadente. La estructura de algunos poemas, con sus referencias a la caza y al poder, evoca las fábulas moralizantes, pero subvertidas por la ironía y el contexto urbano y contemporáneo. La figura del gato como símbolo transita entre lo mítico (soledad, independencia, nocturnidad) y lo literario (la referencia al "gato negro" como portador de misterio y mala suerte).
La música (con alusiones al techno, al house y a figuras como Amy Winehouse) actúa como un marco contemporáneo que conecta el libro con los excesos y alienaciones de la modernidad. La intertextualidad con tradiciones literarias clásicas (como las referencias al Satiricón de Petronio) refuerza un puente entre lo atemporal y lo inmediato.
La recreación de ambientes nocturnos, donde conviven drogadicción, sexo y soledad, no es solo descriptiva; tiene un componente alegórico que dialoga con la tradición de la poesía maldita. Se percibe una búsqueda estética en el desgarro y la crudeza. La relación con el mito de Frankenstein, explícita en la introducción, simboliza la creación y el rechazo, temas recurrentes en el libro. Aquí, la criatura no es un monstruo sino un gato, que camina solo y aprende a sobrevivir en un entorno hostil.
El libro es un mosaico que combina ironía, erotismo, decadencia y un lirismo oscuro. Su intertextualidad no solo refleja una rica influencia literaria, sino que también establece una postura crítica hacia la soledad y las contradicciones del ser humano en un mundo contemporáneo y deshumanizado.

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