El lenguaje poético y el estilo literario de 72 Demonios de Javier Gato destacan por su intensidad, densidad y capacidad para combinar lo visceral con lo trascendental. Gato desarrolla una propuesta que mezcla tradición y modernidad, creando una poética profundamente personal y evocadora.
El lenguaje de Gato es crudo y explícito, con descripciones que no rehúyen lo grotesco ni lo doloroso. Las imágenes de cuerpos mutilados, sangre, gusanos y fluidos son recurrentes, subrayando la vulnerabilidad y decadencia de lo humano. La visceralidad conecta al lector con el horror y el sufrimiento de una manera directa e ineludible. A pesar de su crudeza, el lenguaje está cargado de simbolismo. Elementos como la caída, el abismo, los demonios y los cuerpos descompuestos adquieren significados universales relacionados con la culpa, el desamor y la condenación. Los elementos naturales (veneno, raíces, fuego) se integran en un lenguaje que transforma lo concreto en alegoría.
El estilo de Gato recuerda al barroco por su densidad, riqueza de metáforas y enumeraciones. Las descripciones son elaboradas y detalladas, con una tendencia a lo abigarrado y lo ornamental, especialmente en las imágenes visuales. Como el barroco, enfatiza la fugacidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte, explorando la belleza en lo grotesco. A pesar de su herencia clásica, Gato utiliza un lenguaje que resuena con sensibilidades modernas, con un tono confesional e introspectivo que conecta con el lector. La fragmentación narrativa y el uso de voces múltiples reflejan una sensibilidad posmoderna, que rompe con estructuras lineales y homogéneas.
Gato dialoga con autores como Leopoldo María Panero, Arthur Schopenhauer y Rimbaud, incorporando ecos de sus estilos y temáticas. Esto no solo enriquece su lenguaje, sino que también lo conecta con una tradición literaria de lo marginal y lo existencial. El uso de citas y referencias bíblicas aporta un tono solemne y universal, en contraste con las imágenes grotescas. Esto crea una tensión estilística que refuerza el impacto del texto.
Las metáforas de Gato son complejas y densas, a menudo combinando elementos dispares para crear imágenes impactantes. El autor emplea listas y enumeraciones para crear una sensación de acumulación y desbordamiento, reforzando el caos emocional y temático del texto. La obra está llena de contrastes entre lo sublime y lo grotesco, lo efímero y lo eterno, la luz y la oscuridad. Este recurso subraya la tensión entre los extremos de la experiencia humana.
El yo lírico habla desde una experiencia profundamente personal, compartiendo sus tormentos, caídas y desilusiones de manera desgarradora. Esto crea una conexión íntima con el lector, que se siente interpelado por el dolor y la desesperación evocados. El tono apocalíptico refuerza la idea de un mundo que colapsa, ya sea a nivel personal o universal. Las imágenes de destrucción, fuego y caos evocan un sentido de urgencia y fatalidad.
Aunque no sigue un esquema métrico tradicional, el poemario tiene un ritmo cuidado que refuerza la intensidad emocional. A veces es pausado y contemplativo; otras, frenético y caótico. Gato utiliza aliteraciones, repeticiones y juegos sonoros para añadir musicalidad a su poesía. Esto contrasta con el contenido sombrío, creando una experiencia estética que mezcla lo bello con lo perturbador.
Gato bebe de la poesía barroca, simbolista y existencialista, utilizando sus recursos para explorar los grandes temas de la humanidad: el dolor, la muerte y la búsqueda de sentido. Su lenguaje irracionalista, su enfoque en lo grotesco y su estructura fragmentada lo colocan en el ámbito de la poesía contemporánea, con una voz única y desafiante.
El lenguaje poético y el estilo literario de 72 Demonios son herramientas fundamentales para transmitir el universo temático de Javier Gato. Su mezcla de crudeza y simbolismo, barroquismo y modernidad, lo convierten en una obra que desafía las expectativas del lector y lo sumerge en una experiencia estética única. Gato demuestra que la poesía puede ser al mismo tiempo brutal y sublime, perturbadora y hermosa.

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